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Una última sonrisa

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—Juan, despertate —dijo su madre mientras entraba al cuarto.

Juan había salido la noche anterior con sus amigos a celebrar el decimosexto cumpleaños de un amigo, no había tomado alcohol, pero igual se había acostado tarde y estaba cansado, ciartamente las 12 del mediodía era muy temprano para él.

Logró abrir los ojos y vio a su madre y a su padre entrando juntos al cuarto.

“¿Que habré hecho esta vez?” pensó para sus adentros al verlos a ambos tan serios mientas se sentaba en su cama.

Su madre se sentó enfrente de el, y su padre a su lado en la cama, él le agarro los hombros, casi abrazándolo y dijo:

-Juan, tu hermana, Valeria, está muerta.

Y empezó a reír.

Juan no entendía la gracia del chiste y estaba a punto de quejarse del mismo cuando lo miró.

Su padre no reía, lloraba.

A Juan se le paró el corazón. Trató de comprender lo que decía, exaltado, se levantó de

la cama.

—¿Dónde está?— dijo desesperado.

—En su cuarto, acostada en su cama.

Salió corriendo al cuarto de su hermana, pasó por la sala donde vio a su tío llorando, siguió hasta el pasillo y se detuvo en la puerta. ¿Realmente estaba muerta? ¿Qué iba a ver?

Al entrar sintió un escalofrió recorrerle la espalda. Y la vio. Acostada en la cama, parecería que estaba dormida si no tuviese un color tan pálido.

Le tocó la frente, estaba tibia. Le tocó las manos, estaban heladas.

Se alejó unos metros de la cama. Las lágrimas le empezaron a surgir de los ojos, su madre entró al cuarto y lo abrazó.

Lloró con fuerza.

La miró por 5 minutos sin pensar en nada y salió del cuarto. Su mente estaba quebrada, ningún pensamiento la cruzaba. Se perdió. Había perdido a su hermanita de 14 años.

Su tío lo abrazó cuando salió, pero a él ya no le importaba. Solo quería… no quería nada.

Llamó a Lucio, uno de sus amigos con los que había salido la noche anterior, en la casa les dijeron que estaba dormido, pero 'rl pidió que lo despertaran, que era importante.

—¿Qué pasa?— pregunto Lucio con voz cansada.

—Valeria murió. Falleció esta mañana.

—Salgo para allá— dijo y colgó.

A los 15 minutos llego, y abrazó a su amigo.

Juan se quedo hablando con su familia de los recuerdos de ella. Su madre le dijo que su hermana menor, Mica fue la que la descubrió muerta cuando se levanto, que dijo que estaba fría, e inmediatamente fueran a socorrerla. Habían llamado al medico e intentaron resucitarla, pero ya era tarde, y los médicos cuando llegaron dijeron que llevaba varias horas muerta.

Sus padres mandaron a Mica con su niñera al zoológico. Pobre. Seis años y vio a su hermana muerta.

Eventualmente familiares y amigos llegaron. Ellos reconfortaron a la familia. Juan ya no quería ver más gente. Todos llegaban y lo abrazaban, esperando que él llorara. Ya había llorado suficiente. No quería llorar más.

Lucio lo llevó a comer afuera, donde se encontraron con amigos que lo apoyaron. Todos estaban muy tristes por el. Inclusive uno de sus amigos se largó a llorar. Juan no entendía por qué. Él era ajeno a su familia, apenas conocía a la difunta, ¿Cómo podía sentir tanta tristeza?

Volvieron todos a la casa y esperaron en uno de los cuartos. Juan se sentía un poco mejor.

En ese momento sus padres lo llamaron. Había llegado su hermana y tenían que darle la noticia.

Se sentaron con ella en la entrada del edificio y le dijeron sutilmente lo que había pasado.

Ella no lo entendió, y sólo preguntó una cosa.

—¿La puedo ver?

Su madre lloró y le dijo que sí. Subieron los cuatro juntos en silencio y caminaron lentamente hasta el cuarto.

Las antiguas niñeras de Valeria se encontraban velándola en su cuarto. Para ellas, quienes la vieron crecer, era como perder una hija.

Se detuvieron frente a la cama, Mica se quedó mirando a su hermana por unos minutos hasta que finalmente se le empezaron a escapar las lágrimas. Lloró con fuerza, preguntaba si no iba a despertarse. Toda la familia lloró.

A la medianoche los invitados se fueron, dejando la casa vacía. El funeral sería la mañana siguiente.

Los hijos se trajeron un colchón de sus camas y se acostaron en el cuarto de sus padres. Les costó, pero al final los cuatro se quedaron dormidos.

El sueño los hizo despertar de buen humor, pero se volvieron a deprimir al verla devuelta.

Todos los que estuvieron el día anterior vinieron también este día.

Hubo una breve misa por Valeria, se cantaron unas pocas canciones y después llegaron los hombres de la funeraria.

Sus padres le habían comprado un ataúd de roble, tenía un lindo color. Y en el frente tenía una placa con la inscripción:

Q.E.P.D.
Valeria Barsa
28-12-1995
26-6-2010

Juan se quedó viendo como la movían desde la cama junto con su padre y la llevaban al

auto fúnebre. Se subieron en el auto siguiente y arrancaron.

Viajaron los cuatro en absoluto silencio.

—A ella le encantaba ir primera, parece que al final se salió con la suya.-dijo la madre melancólicamente al ver al auto fúnebre enfrente.

Se celebró otra breve misa dentro de la iglesia del cementerio, y después Juan, junto con su padre y cuatro de sus tíos llevaron el ataúd hasta el terreno designado.

Era un día gris. Mientras los funerarios bajaban el ataúd a la tumba, el cielo soltó una leve llovizna.

Juan cayó sobre sus rodillas, también lo hizo el resto de su familia y bajaron la cabeza mientras se abrazaban. Tenían una carga sobre sus hombros demasiado grande. Varias personas soltaron sus últimas lágrimas mientras veían la tierra cubrir el pozo.

Después todos fueron a darle sus condolencias a la familia. Juan no se gastaba en prestar atención, no quería mirar a la gente a los ojos. Se alejó unos pasos y se escondió entre sus amigos.

El piso estaba embarrado, pero él se sentó igual. Escondió la cabeza entre sus piernas.

Sentía un dolor fuerte en el pecho. Tenía la garganta seca. Los ojos no paraban de llorar.

En sus adentros su mente gritaba de dolor. Pero él sólo se quedo ahí, contemplando el pasto hasta que salió el sol. Y al irse dio una última mirada. Pero esta vez sonrió. No supo por qué, no se sentía feliz, pero un sentimiento de melancolía, acompañado del apoyo de sus amigos le dio un poco de esperanza. El tenía buenos amigos.

Se volvió a su casa y trató de seguir para adelante, aparentando que nunca sucedió nada. Se comprometió en ser feliz, mas allá de todo lo que pasara.

Y ahora lo es.

Originally published on by Javier Bullrich