
La Agencia de los deseos
—¿Viste cuando pedís un deseo a una estrella fugaz, y el mismo se cumple?
»Eso pasa porque lo que viste no es una estrella fugaz, era un satélite nuestro.
»Y nosotros, personas que se ven tan comunes como vos o como yo, tenemos el rol de cumplir esos deseos.
»A veces nos piden cosas moralmente incorrectas…
“Deseo que mi hermano se muera”»Otras veces nos piden milagros…
“Quiero que papá vuelva a la vida”»Pero esta vez me pidieron algo bastante difícil, un deseo que deberíamos rechazar debido a su complejidad.
»Y lo quiero cumplir.
“Quiero ser feliz antes de que me mate el cáncer.”No nos permiten interactuar directamente con los deseadores, pero para esta ocasión pienso romper esa regla.
Quiero romper esa regla.
Así que fui a buscarla a la librería en la que trabaja.
—¿Que queres? ¿No ves que estoy ocupada?
Me contestó de mal humor cuando la salude. Yo me encontraba con un pequeño ramo de flores. No sabia como reaccionar, pensaba que iba a estar deprimida, pero la encontré enojada con la vida, llena de energías, pero enojada.
—Eh… te vi y me pareciste linda. Ehm…—titubeé de vuelta, muy mal de mi parte.—Me gustaría hablar con vos, ¿te puedo invitar un café?
—¿Un cafe? Muy tierno de tu parte ero no estoy buscando nada. ¿Vas a comprar algo o solo viniste por mi?
No supe qué responder y me fui a casa, humillado, sin haber logrado nada.
Al día siguiente volví con una caja de bombones y me volvió a rechazar. Como también al día siguiente a ese con el osito de peluche, y el siguiente, y el siguiente, y el siguiente. Acumulaba regalos que terminaba regalandole a desconocidos en la calle.
Volví a ir una vez, pero esta vez con las manos vacías. Cuando estaba por entrar al local ella me miró a través de la ventana. Vi el rechazo en sus ojos y no me gaste en entrar. Di media vuelta y me volví para casa. No voy a poder cumplir su deseo.
—¡Un cafe no!—me dijo una voz entre bocanadas de aire tratando de recuperar el aliento que perdió al correr hasta acá.—¿Pero qué te parece unas cervezas cuando termine mi turno?
—¡Me encantaría!—le respondí sonriendo. Todavía hay esperanzas.
—No te conviene darme bola, soy muy histérica. Puede ser que de un día para el otro te deje de hablar sin razón.
—No me importa, seguro que lo vales.
—Es medio raro el comentario, pero bueno —dijo, poniendo una cara rara mientras tomaba un sorbo de su cerveza. —Acá me tenes, así que charlemos, ¿de donde sos?
Y entonces hablamos; hablamos por horas y horas hasta que el bar tuvo que cerrar. Entonces intercambiamos nuestros números y otro día nos volvimos a juntar.
Nos juntamos en el zoológico, en el teatro, en un restaurante y en una plaza; y, en nuestro último encuentro, nos besamos.
—Perdón. —dijo ella al separar sus labios de los míos. —No debí haberte besado. Cortemos todo acá, así va a ser más fácil.
Apartaba su mirada mientras decía eso. La entiendo, no quería lastimarme al tener que morir pronto, pero esto no es algo de que es lo mejor para mi, si no de que es lo que ella realmente quiere, de lo que desea, y se que ella quiere ser feliz, así que la agarre de los brazos y, mirándola fijo a los ojos, le dije:
—Me gustas mucho. No quiero cortar nada con vos.
Ella se veía conmovida, genuinamente conmovida con mis palabras, pero siguió insistiendo.
—Vos también me gustas mucho, y es por eso que creo que lo mejor sería cortar nuestra relación ahora, porque no voy a estar mucho tiempo. Tengo cancer…
La abrace con fuerza antes de que pudiera seguir y le dije:
—No me importa. Lo vales.
Ella me abrazó llorando, y, entre lágrimas, me dijo:
—Gracias.
A partir de ahí seguimos saliendo, a teatros, a bares, le regale un perro y fuimos a la veterinaria. También fuimos a su casa y estuvimos juntos.
—Muchas gracias, me hiciste muy feliz este tiempo. Te amo.
Era una tarde de un jueves con lluvia, estábamos en su casa y ella dijo eso; “me hiciste muy feliz”. ¿Que significa eso? ¿Acaso cumplí su deseo?
No.
Ella puede ser aún más feliz. No quiero dejarlo acá. El deseo todavía no está cumplido. Me tengo que seguir esforzando.
Y lo hice. Trabaje duro para hacerla la mujer más feliz del mundo. La pasaba a visitar todos los días, la sacaba siempre a pasear y la llenaba de regalos. La acompañaba al hospital. Cuando perdió el pelo no pare de decirle que era la mujer más hermosa del mundo y que la amaba, le compraba pañuelos para que se sintiera mejor.
Como también siempre le sonreía. Tenía que ser fuerte, por ella. Cuando lloraba la consolaba con una sonrisa, cuando sufría también, y cuando tenia miedo le daba mi mejor sonrisa para que la protegiera del dolor.
Nunca deje de sonreír, para ella; ni cuando las cosas no se veían bien, ni cuando la agencia me considero un desertor, ni cuando ella no paraba de llorar por el dolor, ni cuando la llevaron para hacerle una operación que la podía salvar.
Tampoco deje de sonreír cuando no volvió. Sonreí, pero con lágrimas.
Pudé cumplir su deseo, pero ahora quiero que alguien cumpla el mio.
“Quiero verla a Ana de vuelta”.Y uno de los agentes, cargado con un calibre 45, esta acá, atrás mio, a punto de cumplir mi deseo.