
En el desierto no puedes recordar tu nombre
Ella—tenía una mano cortada.
La casa se encontraba rodeada de cráteres, había una gran piedra del tamaño de un coche pequeño que servía para protegerse de las explosiones de la guerra, pero esta piedra no era muy estable, podía ser levantada por una simple soga desde el andamio que colgaba del techo. Tampoco era muy pesada, con suerte llegaba a pesar 10 kilos, no lo que uno se esperaba de una piedra, aunque si de una de papel maché.
Pero lo que importaba es que mi rol estaba allá, ese era mi trabajo, los supervisores se iban a asegurar de que lo cumpliera, así que mejor ir por mi cuenta que recibir uno de sus cabezazos con un casco de piedra.
La piel se me hundia en mis pómulos, las cuencas de mis ojos parecían pozos, exhibiendo la figura de mi larga calavera. Estaba tan flaco que si me daban una parka la gente me podria confundir con la muerte. Sería un rol más lindo que este que debo cumplir.
Me mojé la cara, me peine un poco la cabellera gris y salí para la casa, desde afuera se veía el poco terreno que tiene la casa, pero una vez que pones un pie en ese terreno no ves nada más que la casa o kilómetros de terrenos vacíos, el efecto de inmersión que generaba era prácticamente mágico.
La puerta principal era liviana, hecha de telgopor y pintada con un acrílico irregular, que aparentaba la textura de la madera, pero de cerca se veían los detalles, como también se notaba al tacto que el picaporte era de plástico. Sin embargo, abrir esa puerta me pesaba mucho. Cada vez que la abría sentía como se me iban las fuerzas; sentía el miedo de lo que me iban a hacer filmar; rogaba que la puerta no se pudiera abrir.
Pero se abría con tanta facilidad que hasta el viento no tendría problemas.
Aún menos problemas tendría el director, que me esperaba junto con ella.
Me acuerdo cuando nos intentamos escapar, fuimos corriendo de la mano, yo marcando el paso, y los supervisores persiguiéndonos. Lo intentamos, pero al final nos atraparon. A mi me reprendieron duramente durante unas horas, pero lo que más me dolió es que se la llevaron a ella, nos separaron. No se que le hicieron pero a partir de ese día se volvió dócil, como un cachorrito. Ya no sonreía, casi no hablaba, obedecía cualquier orden sin hacer ni una sola expresión. Parecía un cascarón vacío, no era ni la sombra de la mujer de la cual me había enamorado. El director se había encargado de que no quedara nada dentro suyo.
Y el director me dijo que teníamos que empezar la escena.
“¿Queres ver la película?” me dijo el director al despertarme.
Recién me levantaba, habian pasado horas desde la escena anterior, lo que sea que había filmado. Pero—la curiosidad mató al gato así que acepte.
Dentro de la casa había un gran cuarto oscuro donde solíamos ver las escenas, en este caso estábamos solamente nosotros dos, y ella, pero ya no se si contarla como uno.
La película empezó a proyectarse en la pared negra, iluminando la sala con una gran perversión. Una horrible perversión.
Ella se encontraba en una orgia con dos hombres, eran dos escenas que se repetían en un loop, una y otra vez, cada una no llegaba a durar diez segundos, lo que cambiaba en cada escena era como estaban posicionados y quien le hacía que a ella. Pero lo que más me impactó de todo esto fue ella.
La tenían atada, con unos nudos perfectos de bondage que iban desde la cintura hasta las manos. Me corrijo—hasta las muñecas.
Ella—tenía una mano cortada.
Había un corte casi perfecto en su muñeca, mostrando la herida parcialmente coagulada de la mano ausente, la cual no sangraba.
Y a ella no le molestaba, es mas—gemía de placer.
“…”
En cuanto me percate de mis alrededores note que habian varias personas importante a nuestro alrededor, viendo la película, como también estaba ella, tranquila, observando la película con la mirada muerta, con su herida abierta, su mano ausente, completamente inmutada.
No podía—no quería tolerar esto.
Me desespere y salí de la habitación; fui al cuarto vecino, la cocina, donde me encontré con tres supervisores que notaron mi exasperación.
“¿Estás intentando escapar?” me confronto uno, e, inmediatamente, los tres me empezaron a arrinconar.
Asustado, —o mejor dicho desesperado— saque mi navaja, la cual venía guardando para un día como este, y se las mostré en forma de amenaza.
En mi intento de tomar distancias termine generando el efecto opuesto, y uno de ellos largo carrera hacia mi, con el objetivo de embestirme con su casco de piedra.
No podía permitir que me atraparan de vuelta. Esta vez me iba a ir. Definitivamente me iba a ir.
Detuve al supervisor del hombro pero el seguia moviendose para adelante, me empujaba contra la pared mientras que los otros dos venían lentamente para retenerme. Desesperado, no sabia que hacer. No podia permitir que me atraparan de vuelta. No podia seguir ni un minuto más en el set.
Slit
“Gloh—gagh”
En mi estado de alteración lo apuñale al supervisor en el hueco que hay entre las clavículas, comúnmente llamado hueco infraclavicular por los eruditos de la medicina. Sentí como el filo se movía por los tendones, y como salía haciendo un ruido siseante, mientras el supervisor caía al suelo, incapacitado por el dolor. Se sintió asqueroso.
Pero antes de que pudiera percibir el horror de la situación, el segundo supervisor se me abalanzó, me tironeaba del brazo y trataba de hacerme soltar la navaja, pero entre forcejear y tirar volvió a pasar.
Slit
Lo apuñale exactamente en el mismo lugar que al supervisor anterior y lo vi caerse al suelo, apretando la herida para no desangrarse.
No me permití descansar, antes de que el siguiente supervisor se acercara lo amenacé con la navaja, pero el ya estaba al tanto de lo peligrosa que era la situación y no parecía querer correr riesgo, así que se corrió, dejando libre el camino hacia la puerta.
Una vez afuera podía ver el eterno baldío, y, a la cercanía, un auto; y a mis espaldas un hombre.
El director.
Me dijó algo que no recuerdo.
“■■■■■”
Pero me afecto, y antes de darme cuenta lo tenía enfrente mío, empujándome, dándome zarandazos, insultandome, me acusó de cobarde por escaparme y no quedarme a ver el final de aquel horror que él llamó película.
Sobre su hombro, a la distancia, podía ver en el marco de la puerta al supervisor que había quedado observando con miedo. ¿Él había llamado al director?
No pude pensar más porque el director me agarró del cuello de la camisa y me empezó a arrastrar hacia la casa, pero yo lo detuve, el me tiro de la camisa y ahí nos enfrentamos, sacó su puñal pero antes logre apuñalarlo en el mismo lugar que a los anteriores.
Pero eso no lo detuvo.
Con una mano agarraba su brazo, con el cual estaba intentando apuñalarme, mientras con la otra yo intentaba apuñalarlo, pero él agarraba mi brazo para detenerme. No sirvio—le gane con mi fuerza a un hombre herido, y le clavé la navaja—en el ojo izquierdo.
Él retrocedió, hizo una mueca de ira y se me volvió a abalanzar, así que de una rápida maniobra le apuñale el otro ojo.
Lo habia dejado ciego.
Pero yo pensaba que me enfrentaba contra un hombre— un humano.
Un humano no seguiría peleando con esas heridas; sin embargo él lo hizo. Agarró su puñal, se acerco hacia mi y…
Slit
Le clavé la navaja en el otro lado del cuello, la hundí con todas mis fuerzas y sentí como el director caía al piso mientras la navaja cortaba sus tendones, músculos y venas como manteca.
Lo vi caer al piso.
Lo vi morir.
Muerto.
Muerte.
Mate a un hombre. Robe una vida. Asesine a alguien.
Sentí asco de mis acciones, no pensaba que matar se sintiera tan desagradable.
Caía sobre mis brazos, quería vomitar, sentía que iba a vomitar.
Maté un hombre en el desierto.
Entonces me desperté.