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Verbos

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Es una noche de soledad con el alcohol. Me encuentro en el vacío a la esquina de la soledad y la represión. El gobierno me apresa y el G20 me conmueve. No hay humor más grande que una Argentina burlándose de si misma.

Mientras las curvas del destino y los cortes de internet me confrontan para obligarme a que me encuentre, yo huyo. Huyo porque no se que es lo que quiero. No puedo ser como Gerard Way que optó por detenerse por miedo a destruirse. Yo anhelo la destrucción.

En mi final no voy a querer que me encuentren. Y a la vez si. Mientras puedan.

Blanco y negro.

Deterioro.

Finales.

Ayer.

El ruido del hielo golpeándose es una gran compañía. Cuando el alcohol se va tiene el valor de decirte “Estas aca”. Como ayer. Como hoy. Como te sientas hoy no cambiará lo que te pasó ayer.

Por una buena razón existen las excepciones. Y creeme, esa excepción podría ser una muy buena razón.

No todo se puede volver a armar, pero lo que se puede volver a armar queda mejor armado que antes. Esa es la excepción de la regla.

Mientras en el camino de ida las vueltas se turnan por enfrentarme, los chismes me miran, pero las miradas me esquivan, porque las sombras me rodean. Bajo la noche, estoy en un día, pero durante el día, soy una noche. Porque nada hasta ahora valió el riesgo.

La única excepción se fue porque no eligió la excepción.

El problema conveniente elige una solución conveniente.

A la mañana ya no se encontraba.

O, al contrario, se encontraba. Pero su esencia ya no estaba más.

Fue un plato exquisito, pero rudimentario. Un equilibrio perfecto pero ausente. La excepción a todas las reglas.

Fue.

Originally published on by Javier Bullrich