Dark mode switch icon Light mode switch icon

Escalera Montaña Rusa

2 min read

Ella lo mira, lo aprecia. Lo desea. Los dos se cruzan la mirada.

Palabras van. Palabras vienen. Gestos y sutiles caricias pasan, pero se difuminan en la noche. Pequeñas miradas, de ella hacia él y grandes observaciones, de él hacia ella.

Cruces inseguros. Se dan las manos y bailan. La música se transforma en vibraciones. Los cumplidos transmutan en bellas promesas.

Las ilusiones giran en torno a un deseo muy poderoso. Los vicios ayudan, las caricias excitan. Las emociones se fusionan y los sueños se cumplen.

Suben la escalera lentamente, demasiado lento para el gusto de ella, muy rápido para el de el.

Y cuando la promesa se vuelve una maldición, ella se tropieza y cae. Sola. Lastimándose por cada escalón que subieron juntos. Sus brazos se llenan de moretones, su cabeza de sangre, sus ojos de lágrimas y su corazón de tristeza.

Ella conoce muy bien el fondo de esa escalera. Es atrapante, lleno de desesperación. Las pirañas que lo habitan la muerden y no le dejan levantarse. Con cada mordida le repitan la maldición:

“No puedo, tengo novia”.

Y ella siente que se encuentra en un pozo sin fondo. Que el agua entra en sus pulmones y se ahoga. Que nunca puede salir de allí.

Pero ese pozo tiene un fondo. Y no es profundo. Eventualmente ella lo tocara. Y podrá escalar afuera.

Podrá intentar trepar de vuelta la escalera. Podrá quedarse en la pista de baile. Podrá tener esperanzas en otra ilusión o podrá negarse a ellas.

Pero primero, necesita tocar el fondo para salir de ese pozo.


Y del otro lado de las vías del tren, un espectador observaba esta escena. Impotente de ayudar, conmovido por la situación y distanciado.

Originally published on by Javier Bullrich